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Creatividad infantil y sostenibilidad: ¿es posible unirlas?

Autora: Maria Folch

A menudo cuando pensamos en creatividad infantil solemos relacionarla con la educación artística y la Historia del Arte. En el mundo adulto, en cambio, el término "creatividad" se relaciona con un abanico mucho más amplio de temas, aplicables a la vida cotidiana y al trabajo. Sin embargo, la creatividad en ambas franjas de edad, no siempre viene acompañada de un modo de utilizar materiales y recursos de modo sostenible.

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En el mundo en que vivimos se nos asegura que desarrollar la creatividad es una necesidad y no sólo una herramienta más para enriquecer nuestro curriculum. Constantemente emergen nuevas profesiones que tratan de responder a las necesidades que se crean a nuestro alrededor, las cuales están requiriendo fórmulas cada vez más imaginativas para ser resueltas, sobretodo si se trata de hacerlo con responsabilidad social y ambiental. 

Podemos encontrar una preocupación parecida en el mundo educativo, desde el que constantemente se proponen nuevas estrategias, métodos y materiales para preparar eficazmente a nuestros hijos para un futuro incierto y a la vez cambiante. La creatividad se presenta como un recurso esencial con el que deberían contar para poder ser felices y a la vez adaptarse y contribuir al mundo con el que van a encontrarse. En definitiva, el nuestro es un momento histórico en el que todos, grandes y pequeños, no sólo nos vemos obligados a adquirir nuevos conocimientos, sino que además tenemos que intentar adaptarlos a las necesidades reales de nuestro planeta.

Pero volviendo a la creatividad infantil, ¿por qué cuando hablamos de ella pensamos sobre todo en la utilización de recursos y materiales artísticos? Si buscamos en Google imágenes relacionadas con las palabras "creatividad infantil", en seguida nos toparemos con el estereotipo al que hacen alusión las imágenes:  uno o más niños sonrientes, pintando con materiales artísticos escolares de colores vivos, con pinceles o directamente con sus manos, orgullosamente manchadas de color. Este tipo de aproximación experimental a los materiales de arte tiene su origen en la evolución del concepto de la infancia y de cómo se desarrolla el aprendizaje, pero también en la misma evolución de la Historia del Arte y de la educación artística de las diferentes épocas.

La educación artística infantil ha ido transformándose en un proceso similar al que que lo han hecho las ideas acerca de las necesidades del niño y del modo en el que aprende. Así pues, en el paradigma a partir del cual se consideraba que el aprendizaje e instrucción debían venir exclusivamente de fuera, considerando al niño como un cubo vacío que debía ser llenado, la educación artística también tenía una concepción parecida. El objetivo del aprendizaje artístico era sobre todo, aprender a "copiar la realidad", además de acercarse a unos cánones de belleza social y artísticamente aceptados. Así, la adquisición de una determinada técnica era su objetivo principal y se evaluaba el trabajo a partir de la consecución de un cierto resultado dentro de esos parámetros. A medida que fue avanzando el siglo XX, fueron muchos los artistas que se atrevieron a explorar nuevos caminos, y a romper esos cánones, abriendo nuevas vías de expresión, más allá incluso de las disciplinas puras como la pintura, el dibujo o la escultura, por citar algunas. El ideal artístico predominante avanzó más hacia la experimentación y la búsqueda de nuevos lenguajes, valorándose cada vez más el proceso o el discurso teórico, por encima incluso del resultado estético de la obra.

La evolución del concepto de educación artística infantil, pues, fue evolucionando a medida que lo hacía la visión predominante de la función del arte. Del mismo modo, aparecieron nuevos pensadores en el campo de la educación que iban avanzando en el reconocimiento de cada niño como ser con un potencial único. La educación artística en las escuelas hizo un giro radical. Hoy en día se considera que la exposición de los niños a diversas imágenes, técnicas, y materiales, contribuye positivamente la multiplicación de sus habilidades creativas, y no se observa como objetivo último de la expresión infantil el adquirir solamente técnica. Aún así, hoy en día no nos encontramos ante una mirada única acerca del uso de técnicas y materiales artísticos y de cómo acompañar a los niños en su descubrimiento, sino todo lo contrario. Todavía podemos encontrar una gran diversidad de concepciones y métodos de educación artística y de estimulación de la creatividad infantil, según los distintos proyectos educativos existentes en el mundo. En algunos casos, con la mejor de las intenciones, los niños pueden llegar a sentirse saturados de materiales, ejercicios o imágenes no siempre entendibles para ellos, especialmente si se avanzan a etapas posteriores o no corresponden en absoluto a sus intereses actuales. A todo ello cabe sumar el hecho de que en nuestro mundo occidental la adquisición de habilidades artísticas está valorada en exceso a nivel de cultura popular, en buena medida por una visión del artista como ser genial que nace predestinado con unos dones que lo habilitan especialmente para ese fin. Probablemente en esa concepción del artista radica, al menos en parte, la preocupación de muchos padres por velar de esas habilidades, por lo que en ocasiones se muestran atentos a la aparición del más mínimo indicio de expresión de genialidad artística en sus hijos, con el fin de no perder la oportunidad de que se desarrolle. 

Sin embargo, el desarrollo de la creatividad, en adultos y niños, va mucho más allá del uso del pincel u otros materiales artísticos, o del conocimiento que se pueda adquirir a través de los distintos lenguajes artísticos de la Historia del Arte. La creatividad, especialmente en el niño, va ligada a su proceso personal de aprendizaje y descubrimiento del mundo, de un mundo que descubre por primera vez a través de todos sus sentidos y lenguajes entendibles para él. Su deseo de conocer está, a su vez, inevitablemente asociado al juego, que es el lenguaje natural del niño y a través del cual explora e integra lo aprendido. Pero para que haya deseo de aprender, tiene que haber una determinada cota de libertad de elección, ubicada dentro de unos límites necesarios que le hagan posible ejercer esa libertad. Al igual que en la vida, los límites en la educación ofrecen a los niños un entorno en el que les es posible materializar cosas. Si los adultos no hacemos por ellos el ejercicio de acotar propuestas o no les dejamos una mínima libertad de elección, podemos ahogarles en el exceso de materiales o de directividad, y en esas circunstancias es muy probable que el placer se pierda y con él también la ilusión por aprender. Y si un niño pierde la ilusión por aprender, está frenando el principal motor de la creatividad.

Teniendo en cuenta todos estos factores, es interesante reflexionar acerca de las condiciones y materiales que ofrecemos a los niños para desarrollar su tan valorada creatividad. Aunque nuestro deseo sea prepararlos para un futuro incierto, tenemos que admitir que no sabemos qué van a necesitar a nivel concreto. No sólo porque no sabemos cómo será la sociedad del futuro, sino porque no sabemos a qué se dedicarán profesionalmente. Lo que sí sabemos es que algunas herramientas más genéricas, como la ilusión y el placer por el trabajo, la capacidad de toma de decisiones, la valentía de expresar el propio pensamiento, o el respeto por los demás y por el medio ambiente, serán de incalculable valor para su propia felicidad personal y futura contribución a la sociedad.

Por todo ello ¿qué significa entonces unir la creatividad infantil y la sostenibilidad? Una pista la podemos encontrar en la en la parte más material del significado de la palabra sostenibilidad. Para que la creatividad infantil sea sostenible, la clave somos los adultos que los acompañamos y las elecciones que hacemos por ellos. Resulta interesante recordar que la coherencia y el ejemplo como padres y educadores son dos aspectos importantísimos a la hora de educar porque los niños aprenden muchas cosas por imitación. Cuando ofrecemos una gran variedad de materiales y técnicas a los niños con el fin de estimular su creatividad, utilizando una cantidad de recursos enorme, como papel no reciclado, pinturas, envases de plástico o juguetes de uso efímero, con materiales contaminantes o un packaging excesivo, estamos ofreciendo a la vez un ejemplo de cómo consumir y relacionarse con los recursos materiales a su alcance.

Si reconsideramos además la necesidad de los niños de ser expuestos a toda esa cantidad de experiencias artísticas o sensoriales y dejamos más espacio a su libre exploración y creatividad, sin una expectativa o juicio, tal vez cambiará la cantidad de materiales que sentiremos indispensables, tanto en nuestras casas como en la escuela. Sin menospreciar el valor de un material apropiado, no hace falta tener el último material de juego o educativo, ni utilizar grandes cantidades de papel nuevo o de pintura cada año en casa y en las aulas para que los niños sean creativos. Los niños necesitan juegos y materiales para jugar y pintar pero no tienen porqué ser siempre materiales nuevos, ni tener un gran impacto ambiental. La naturaleza y su mundo cotidiano contienen una buena parte de los materiales que necesitan conocer a través de sus propias vivencias a edades muy tempranas. Tenemos una gran cantidad de materiales reciclados o de uso comunitario, incluso de materiales nobles, a los que podemos acceder en todo momento a nuestro alrededor, de kilómetro cero y a coste cero. En el caso de niños más mayores, podemos combinar los materiales comprados con otros que podemos construir con su ayuda. 

Si nos acostumbramos a ofrecer los materiales de modo más selectivo y les hacemos partícipes de su procedencia y sentido, con explicaciones acordes con su edad, tendrán una visión más completa de sus ejercicios creativos, que incluiría desde la recolección primera de materiales hasta su utilización final. De este modo les estaremos ofreciendo, además de una actividad creativa o artística, toda una lección de ecología práctica relacionada con su realidad más inmediata. Si a su vez les dejamos más espacio para la libre exploración y el juego, nos sorprenderemos de cómo pueden llegar por sí mismos a conclusiones o procesos dignos del artista más genial o del investigador más dotado, que les harán sentir el enorme placer del descubrimiento auténtico.

Por todo ello, creo que es posible redefinir el modo en que acompañamos la creatividad infantil y las condiciones y materiales que ofrecemos a los niños para ese fin. No olvidemos que la verdadera creatividad humana está en saber transformar lo que nos viene dado en la vida, y no tanto en usar siempre nuevos recursos. La Tierra no dispone de recursos ilimitados, sino que se organiza para gestionar en equilibrio aquellos recursos de los que dispone. También nosotros tenemos que aprender a gestionar nuestros propios recursos en la vida a partir de las opciones a las que podemos acceder en cada momento, teniendo en cuenta también la sostenibilidad de nuestras elecciones. 

En la naturaleza todo tiene un límite y función y a su vez está conectado entre sí. No perder la conexión con nuestro propio ritmo, voluntad, capacidad de decidir, y pasión por vivir, y hacerlo en armonía con la naturaleza, de la que formamos parte, es uno de los mejores regalos que podemos ofrecer a nuestros hijos y alumnos.
 

SERVICIOS OFRECIDOS:

• Asesoramiento y selección de materiales creativos y sostenibles para familias y escuelas
• Integración del concepto de sostenibilidad en el curriculum y materiales educativos de un proyecto.
• Diseño de actividades y espacios para colectivos basados en la creatividad natural del niño

Todos los servicios se pueden realizar por Skype o teléfono.
Para más información: maria@mariafolch.com